[Tras la Verdad] AMLO, en campaña desesperada para no bajar en las preferencias

AMLO inició el año con desenfrenada campaña mediática y política (por supuesto) para no bajar en las preferencias del público, sigue siendo su objetivo el “ataque” a sus antecesores, culpando a los neoliberales de todos los males que aquejan a los mexicanos y vuelve a la carga con temas desgastados, reiterados, plagados de mentiras. Abusa del poder presidencial que le permite el monopolio de la información y control de la agenda mediática. 

Ante el cansancio de información reiterada y mentirosa, pocos periodistas son los que, ante el aburrimiento, preguntan al Presidente en sus conferencias “mañaneras”, dejan pasar las preguntas de “periodistas” proclives a López Obrador, aquellos que le “engordan en caldo”, le aplauden ante cualquier expresión sin dudar sobre la veracidad, aquellos que han perdido (o nunca la han tenido) la objetividad para convertirse en lacayos de la información.

El mensaje que diera por medio de redes sociales en su periodo de descanso, desde Palenque, Chiapas, lugar de dominio del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, dio comienzo con su reiterado discurso de la corrupción, a la cual oficialmente dio por terminada en su administración, así como a los alicaídos y corruptos conservadores, etcétera. 

El primer golpe mediático del año no recibió respuesta alguna de la oposición política, como si literalmente no existieran. Parece que la oposición olvida que estamos en año preelectoral, el próximo se volverán a medir las fuerzas partidistas, las que, por cierto, de acuerdo al informe del INE, todos los partidos políticos cuentan con una raquítica militancia, principalmente Morena, partido político en el poder; resulta extremadamente mayor la ciudadanía sin partido, aquella que se le conoce como “switch”, que puede prender o apagar a su antojo los triunfos y derrotas, así lo han hecho en las últimas elecciones; los ciudadanos sin partido son los que deciden quién gana o pierde una elección. No deben olvidar que López Obrador, también competirá en las boletas el año entrante, de cuyo resultado bien puede buscar la reelección, aunque lo niegue y firme, sabemos que no respeta su palabra, el obedece al “pueblo”, el pueblo manda (según su teoría) y si este quiere que se quede, lo ratifica en el referéndum, seguramente se sacrificaría por el “pueblo”. Bien, para no desviarnos del tema, regresemos a la campaña política del Presidente.

Andrés Manuel López Obrador volvió a la cargada con lo del aeropuerto de Texcoco; con la corrupción; con los permisos para las minas bañados de corrupción; con las miles de sucursales del Banco Bienestar; la construcción de las vías del ferrocarril para el tren Maya; y la inseguridad y violencia, entre otros. En todos estos temas, Andrés Manuel López evidenció la fuente inagotable de la corrupción, la que había dado por exterminada mediante decreto “verbal” el pasado 31 de diciembre. Sin prueba alguna, en el Estado de México reprochó a quienes nunca se opusieron a las políticas neoliberales, gobiernos que autorizaron la explotación minera en 90 millones de hectáreas, esos que ahora se quejan por la construcción del tren Maya, nunca levantaron la voz. 

El mensaje fue claro para los miembros del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (existen más grupos de pueblos originarios que también se oponen), quienes abiertamente han expresado su oposición a la construcción y destrucción de miles de hectáreas de zona de reserva ecológica en el sur del país, miembros del EZLN, literalmente amenazaron al Presidente, con impedir las obras, por violar un acuerdo de OIT, en perjuicio de los pueblos originarios. Por eso el enojo del Andrés Manuel. Pero bajo su política de “abrazos”, ¿cuál será su reacción si materialmente los zapatistas se oponen a la construcción? Hasta ahora solo son escarceos verbales entre las partes, ninguna ha expresado qué hará en su momento. El Presidente mezcló en esa conferencia ambos temas, también el fraude electoral; se hizo acompañar de Delfina Gómez, la candidata perdedora de su partido, en presencia de Alfredo del Mazo, gobernador del Estado de México, a quien le lanzó la acusación del fraude electoral, el que en lo sucesivo se castigará con cárcel sin derecho a fianza. Así de agresiva la “verborrea” presidencial.

Al personal del Ejército Mexicano, lo agarró de su “puerquito”. A la Secretaría de la Defensa Nacional, le encargó el mapeo del los lugares en donde se deban construir los inmuebles de las sucursales bancarias del de gobierno denominado, Banco del Bienestar. También les encargó que construyeran las miles de sucursales; para ello ya hay presupuesto, aseveró el Presidente; pero el secretario de Hacienda había manifestado, días antes, que no había dinero para ello. ¿Quién los entiende? 

Además, bajo el bombardeo mediático el Presidente confunde y olvida. Apenas en noviembre pasado aseveró que construirían 13 mil sucursales en todo el territorio nacional. Y en esta semana solo menciona que en este año construirían mil 350 sucursales y el resto de las oficinas estarán listas el año próximo hasta hacer un total de 2 mil 700. ¿Dónde quedaron las 13 mil? ¿De dónde sacó el dinero el gobierno federal o sea López Obrador? ¡De los ahorros de fin de año! Dijo el Presidente: 5 mil millones de pesos de puros ahorros. ¡Ah!, por eso no sabía nada el desorientado del secretario de Hacienda; conste que este es quien maneja todo el dinero del presupuesto. Otra pifia más de los desacuerdos oficiales. Dinero que ya le fue entregado a la Secretaría de la Defensa Nacional, dijo López. 

Total, que los soldados resultaron capaces para todo, los desvía de sus actividades principales. No en balde el mismo Presidente, en tiempos de campaña, manifestó que él desaparecería el Ejército Mexicano, dado que no hay guerras en México. Así de “simplón” fue su comentario. Mas no lo hacía por impedimento constitucional, dijo en aquella ocasión. “Ideas brillantes del entonces candidato”. Por eso Andrés Manuel ha puesto a trabajar al Ejército Mexicano, en acciones de combate a la delincuencia, como constructor de aeropuertos, para salvar a la población en caso de desastres, ahora construirán sucursales bancarias, antes el mapeo de ubicación y diseño. Vaya que resultaron “todólogos”.

Considero que el Presidente de la República utilizará como otro acto más de proselitismo político, el “ejército de beneficiarios” de los programas sociales, a quienes les acercará las oficinas para que cobren sus becas y tengan dinero fresco en propia “mano”, como tanto ha proclamado el promotor de los programas sociales: dinero en mano. 

El gobierno de la 4T creará una infraestructura humana enorme para entregar ese dinero, solo y exclusivamente para eso; el dinero se entrega mensual o bimestralmente por medio de tarjetas electrónicas. Luego entonces, ¿a qué se dedicará esa enorme plantilla de burócratas el resto del tiempo que no hay entrega de dinero? Seguramente harán campaña para el Presidente. ¿Se imaginan esas oficinas en lo más recóndito de los municipios? Allá no hay vigilancia alguna; vamos, ni autoridades existen en muchos de los más de 2 mil 500 municipios que existen en el país. Eso sí, en todos esos lugares votan, se instalan casillas electorales, hay electores. Por eso la creación de estructuras humanas oficiales trabajando para el Presidente de la República. No es difícil imaginar las intenciones de López Obrador.

Con lo del nuevo aeropuerto, por enésima ocasión reitera que se ahorró más de 100 mil millones y que la obra de Texcoco estaba plagada de compromisos y las pistas de aterrizajes se iban a “hundir”. Con este otro discurso inicia el año el Presidente de la República. Lo que nunca dice es que por la cancelación de la obra de Texcoco, el gobierno tendrá o tuvo que pagar más de 100 mil millones de pesos a todos los que causó daños y perjuicios. Nunca nada ha probado sobre actos de corrupción, no hay un solo acusado. Es más, uno de los grandes inversionistas de la obra cancelada, fue el empresario Carlos Slim, empresario que ahora es asesor del mismo Presidente de la República, es inversionista en las obras del gobierno de la 4T.

Por eso es imposible creer en las palabras llanas y lisas de López Obrador, todo es un falso discurso que conlleva la intención de seguir desprestigiando a los “neoliberales, a los “conservadores”, a los “fifís”; su deseo es aplastarlos para que no sean competencia en el siguiente proceso electoral, sobre todo ahora que la popularidad de López ha ido a la baja, según encuestas “cuchareadas”. 

El Presidente vuelve a repetir exactamente el mismo discurso que dio cuando asistió a la ceremonia de inicio de la construcción del aeropuerto de Santa Lucía. “Me dejo de llamar Andrés Manuel”, si no se inaugura la obra el 21 de marzo de 2022, dijo en su desgastado mensaje .¿Alguien se acuerda? ¿Se le olvida al Presidente lo que dice? Claro que no, se trata de “machacar” hasta el cansancio que, lo realizado por los gobiernos neoliberales fue malo; lo bueno es lo que él hace. ¿A quién le puede interesar si López cambia de nombre? Al país no le interesa, a los mexicanos no les interesa cómo se llame, lo que realmente importa es que saque al país del “bache en que metió a los mexicanos” por sus torpes decisiones. 

Una simple y grave muestra de sus fallidas políticas fue el nulo crecimiento económico y la desaceleración en la creación de empleos. Empobreció al país en un año. Cero crecimiento económico. Eso, por supuesto, no lo comenta. Que el aeropuerto de Toluca y el de la CdMX resolverán los problemas, más el de Santa Lucía. ¡Totalmente falso! Lo han dicho los expertos en la navegación aeronáutica; pero ¡López Obrador tiene otros datos! La tendenciosa mediatización de todas sus acciones es su objetivo. 

Por último, ¿alguien recuerda cuántas obras inauguró el Presidente de la República el año pasado? Obras del gobierno de la 4T, por supuesto. Solo inauguró obras iniciadas en el sexenio pasado, la del drenaje profundo, pero no es de su gobierno. Solo gastó en sus programas sociales, despidió miles de burócratas, desapareció las medicinas para enfermos de gravedad, eliminó el Seguro Popular, terminó con las estancias infantiles, regaló millones de dólares a tres países centroamericanos, y así, causó más destrozos a la economía nacional; hizo su guardadito, no invirtió en obra pública. ¡Detuvo el crecimiento del país! ¡Todo un desastre! Aún así, hay quien le aplaude. 

También maneja las promesas como punto esencial de su discurso: la inseguridad y la violencia pronto terminarán.







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