¿Alguna vez ha visto usted que el Madrid, el City o cualquier equipo de la aristocracia pambolera y su fina afición pierdan el sueño porque recibirán en su sagrado estadio al Zacatepec, al Atlético Ixtlahuaca o a cualquier otra escuadra del tercer mundo? ¿Verdad que no?
Hago esta ociosa observación porque, a juzgar por los berrinches recientes, pareciera que al gobierno del PAN y a sus belicosos porristas —esos que juran y perjuran que Querétaro es su rancho privado y que la elección de 2027 será un mero trámite burocrático de 24 horas— la sola presencia de Santiago Nieto en el escenario les ha provocado un severo sarpullido en la entrepierna. Semejante escozor los obliga a vomitar discursos creativos y memes de lavadero que contradicen diametralmente esa presunta confianza de ganar caminando. Juegan de locales, dominan la liga, y sin embargo, sudan frío ante un candidato al que presumen cómodo, quemado y con el marcador en contra.
Por otro lado, si la cúpula azul está tan consciente y plenamente segura de la presunta ilegalidad en la que podría tropezar la consejera Carla Humphrey —al ser pariente por afinidad del inminente abanderado de la 4T al gobierno del estado—, la lógica del gatillero dicta una pregunta elemental: ¿por qué diablos no guardan el misil hasta que inicie el proceso electoral? ¿Por qué no reservarlo como la bomba legaloide que ampute de tajo las aspiraciones de Santiago Nieto en caso de que los plebeyos votos le favorezcan?
Dicen los que cobran por saber de política que lo más importante es la percepción, y lo que el PAN y su hinchada están exhibiendo es un pavor reverencial hacia un muerto que, curiosamente, los hace temblar.
Quizá por este ridículo espectáculo, el gobernador Mauricio Kuri y el exgobernador Domínguez andan haciendo malabares desde sus respectivas trincheras para contener la euforia de su respetable gradería. Que logren amarrar a sus perros es otra historia, pero de seguir así, montados en el tren del madreo atemporal, lo único que seguirán mostrando son sus propias carencias.
Al final de cuentas, en el teatro de la grilla, la sobreactuación defensiva es la primera prueba de que el actor principal se está zurrando de miedo.
Como dicta la sabiduría del cinismo nacional:
“Perro que le ladra de lejos al muerto, es porque ya le sintió el tufo a su propio velorio”.
El combo ganador
Cuentan los que saben de buenas costumbres electorales, que en el PAN han redescubierto la fórmula de la civilidad, un milagro nada menor en pleno 2026.
Resulta que en los oráculos modernos, también conocidos como encuestas de popularidad, la dupla formada por Luis Nava perfilándose para el gobierno del estado y Felifer Macías repitiendo en la presidencia municipal de Querétaro cosecha más aplausos que un tenor en su gran noche.
Mientras en Morena aún intentan ponerse de acuerdo sin rasgarse las vestiduras, Acción Nacional sonríe al tener en sus filas a dos caballeros que combinan a la perfección experiencia administrativa, conocimiento de la calle y una competitividad innegable.
Lo verdaderamente encantador de este arreglo es que Nava en la inmensidad del estado y Felifer en la joya de la capital no se pisan los zapatos de charol; al contrario, se complementan con la gracia de dos expertos bailarines de salón.
En este delicado oficio que es la política, la verdadera sabiduría consiste en saber sumar, pues el que divide se arriesga a quedarse mirando el desfile desde la banqueta. Por ello, la genialidad estratégica de esta temporada radica en entender que Nava y Felifer, haciendo equipo, logran multiplicar las voluntades. Un candidato para el estado, otro para la capital: cada cual, luciendo sus mejores talentos en su propia cancha, pero sudando la misma camiseta para el regocijo de su parroquia. Al final del día, contar con dos líderes que deciden multiplicar en lugar de restar es un auténtico lujo táctico que cualquier partido envidiaría en sus filas.
Como bien reza el viejo y sabio evangelio de la polaca:
“El amor al prójimo es muy conmovedor en los discursos, pero el amor al poder es el único milagro capaz de hacer que los hombres se juren lealtad eterna… al menos hasta que el sexenio los separe”.
Naranjas de la discordia
Y en este pintoresco circo de tres pistas que es nuestra política local, sería de una miopía imperdonable no contemplar las acrobacias del partido naranja. Con esa campaña de título tan modesto como Querétaro al Mando y sus dos rostros más visibles, van recolectando simpatías que, invariablemente, terminarán por descontarse del capital político de Acción Nacional.
No es que uno lo decrete por capricho de columnista, es la fría e implacable aritmética política: si Morena y sus aliados de la Cuarta Transformación, en el peor de sus escenarios, acaparan entre el 30 y el 35 por ciento de las preferencias, dejan un 70 por ciento de la clientela para que se lo despedacen los 5 partidos restantes. De ahí que cada puntito de popularidad que logren sumar Laura Ballesteros o Armando Rivera en sus respectivas aspiraciones se restará directamente de la bolsa que debe repartirse la oposición, y muy particularmente, de la cuenta azul.
El verdadero drama radica en que, por el desgaste natural de calentar la silla del poder y ese largo, aburridísimo proceso de sucesión que nos han venido recetando como aceite de ricino, tienen ya tan fastidiada a su propia feligresía que, si al final les salen con una batea de babas, sus devotos de toda la vida se irían a votar por los naranjas en un acto de pura y cristalina catarsis; o como se dice en los más altos y refinados tratados de la ciencia política nacional, nomás por chingar.
Como bien dicta el infalible manual del despecho democrático:
“En la política, como en los malos matrimonios, no hay placer más exquisito que pegarse un tiro en el propio pie, con la única y sagrada intención de mancharle de sangre el tapete al que nos dio por sentados”.
La liga esmeralda y el estirón del amor
Y directamente de los creadores de superproducciones histéricas como “Ya está negociado”, “El candidato de Morena va a ser Luis Humberto”, “El gobernador ya arregló con la presidenta que vaya mujer”, “A Santiago Nieto no lo quiere la presidenta” y la siempre taquillera “Querétaro es panista y se va a entregar el estado”, nace ahora el nuevo gran mito de la grilla local: el PVEM va a romper la alianza.
Sin embargo, para desgracia de los adictos al drama, una vez más la aburrida realidad terminará por alcanzarlos, pues difícilmente el PVEM va a arriesgar los huesos seguros que ya tiene amarrados en otros estados nomás por el capricho de hacer la maldad en Querétaro.
Aterrizando en nuestra pintoresca fauna local, Ricardo Astudillo tiene el colmillo lo suficientemente retorcido y la malicia necesaria para entender que un berrinche a destiempo no solo pone en riesgo su futuro político, sino el sacrosanto registro local; tragedia que pondría fin a su muy cómoda y exitosa dirigencia en el estado, y por ende, a las jugosas prerrogativas económicas que eso representa.
Así que apacígüense, agoreros del desastre fantástico, y mejor concentren sus plegarias en que el PAN se mantenga unido y no cometa la torpeza de equivocarse en las candidaturas; porque ese peligro sí que no es un mito, y cualquier error de cálculo dejará el paso franco a los cuatroteros.
Casi le puedo firmar que Astudillo terminará negociando una o dos posiciones de buen ver, demostrando que en este negocio la liga simplemente se está estirando para encarecer la dote, no para cancelar la boda.
Como bien reza el antiquísimo manual del mercader electoral:
“En la política no existen los ideales inquebrantables, solo chantajes mal tabulados; porque hasta para amenazar con el divorcio, primero hay que tener garantizada la pensión alimenticia”.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted. Y recuerde, no me crea a mí, créale a sus ojos.

![[La Cruda Verdad] El pánico escénico de los aristócratas de provincia](https://www.elcantodelosgrillos.mx/wp-content/uploads/2025/09/OLVERA.jpg)