Aunque los más puristas dirán que padezco de mis facultades mentales o que simplemente me he “morenizado”, cada día cobra más verosimilitud la pintoresca teoría de que el proceso de designación de candidato de Acción Nacional está sujeto, de forma harto tácita y cobarde, al de Morena.
Resulta que los panistas andan jugando a la sastrería electoral: esperan poner candidato según a quién les avienten enfrente, pues según ellos, con ciertos rivales pueden darse el supremo lujo de mandar a quien se les venga en gana, ninguneando al prójimo y sobrevalorando las dudosas virtudes de su propia caballada.
Sin embargo, lo que parecen olvidar en los mullidos sillones de la casa azul es que, hoy por hoy, la marca marrón le otorga al que sea —así postulen a una maceta— un piso nada despreciable que, según encuestas medianamente serias, los pone en la media del margen de error apenas a 2 o 3 puntos por debajo de Acción Nacional.
Por lo tanto, cualquier candidato se tornará competitivo, y ese cuento de hadas del “candidato cómodo” solo sumará una página más al vasto archivo de la mitología política de Querétaro; esa charlatanería que tanto les gusta pregonar a los burócratas mareados en la plenitud del poder para negar la naturaleza caótica, pero innegablemente real, del escenario político y social en cualquier parte del mundo.
Pero lo que no es un mito, sino una guillotina que alcanzará a los suspirantes de Acción Nacional es que en una rebatiña como la que se viene, los negativos cobran una relevancia inconmensurable, y cualquier movimiento en falso o acción de gobierno fallida podrá y será usada con deliciosa saña en su contra.
“No hay tonto más inofensivo que el que no hace nada, ni más peligroso que el que se cree estratega; porque al político que escupe al cielo de la soberbia, la realidad siempre le termina cayendo en la cara, y rara vez es agua bendita”.
El acomodo de las calabazas y los círculos del infierno
En los pasillos de la 4T, donde las calabazas finalmente empiezan a acomodarse a punta de sacudidas en el carruaje, el porvenir de la tribu no depende de la pureza ideológica, sino de dos virtudes milagrosamente ausentes en su código genético: la generosidad política y la disciplina. Tras el cubetazo de agua fría de las últimas mediciones, más de un suspirante debería estar cambiando sus discursos de estadista por una humilde libreta de tendero para ver cómo negocia sus canicas, en lugar de seguir haciendo el ridículo pregonando que la providencia lo ungirá por el solo hecho de pertenecer al “segundo círculo” de la presidenta. Pretender que el organigrama oficial funciona como los niveles de la obra de Dante es un delirio de grandeza; por más mimos, apapachos públicos o supuestos pactos de alcoba que presuman en la oscuridad, la inclusión forzada de los “amigos de la jefa” resultaría un injerto grotesco que terminaría por reventar una hegemonía interna que ya de por sí cruje debido a los berrinches de sus militantes más radicales.
La gran diferencia en esta comedia humana radica entre meterse a huevo o entrar por la alfombra roja del consenso, que es precisamente el caso de Ricardo Astudillo. El hombre tiene asegurado su boleto para la gran final contra Santiago Nieto, blindado por el peso de los acuerdos de su dirigencia nacional, que lo tiene en el mismo estante de altas prioridades que a Neto Núñez (Ernesto Núñez Aguilar) en sus respectivas ambiciones por Michoacán. Con ese patrimonio, Astudillo se da el lujo de jugar al ajedrez con el viento a favor, listo para negociar en beneficio propio o para venderle caro el amor al puntero. Y como toda farsa bien montada exige una terna para simular una competencia democrática, el tercer asiento de la función está reservado casi por decreto para Gilberto Herrera; primero, por la cuota de pureza sectaria que representa, y segundo, porque su digna presencia le da un barniz de legitimidad al dedazo institucional. Así las cosas, al resto de la desamparada concurrencia —a menos que decidan auto percibirse como mujeres a última hora para colarse por la vía de la equidad de género— no le queda más remedio que tragarse el orgullo e ir buscando a qué árbol arrimarse antes de que los deje a la intemperie el vendaval.
“A fin de cuentas, en la kermés de la transformación colectiva, la disciplina consiste en saber cuándo tragarse la dignidad y con qué saliva; porque en la alta estrategia política, el que no sirve para arrodillarse a tiempo ante el poderoso, termina sirviendo de alfombra para los que sí supieron agacharse sin que les tronara el espinazo”.
La pilmama de palacio y el terror de cristal
Otra vez la consabida reforma al Código Civil en materia de identidad de género está en la mesa de disección. Dicen las malas lenguas que el armatoste ya trae a cuestas las redundantes y soporíferas observaciones que tuvo a bien plantear el Ejecutivo, y con semejante trámite burocrático, técnicamente tendrá que ser aprobado por pura inercia. Con ello se consuma lo que hace algunas semanas profetizamos en este heroico paredón: el bulto se ha transformado en una hirviente papa caliente para el gobernador y sus compadres de curul. Pero si logramos taparnos la nariz un momento para evadir la pestilente grilla legislativa, toca medir el desastre colateral que ya provocó el berrinche de frenar su publicación. Hablo del impacto anímico en el primo votante, ese espécimen representativo de la mal llamada “generación de cristal”. A estos muchachos, de lágrima fácil y mecha corta, simplemente no les hace gracia un partido que se dedica a vulnerar derechos de terceros mientras la juega de pilmama moralina de quienes jamás solicitaron sus servicios de niñera. Pero conociendo la genialidad de nuestra clase política, asumo que sus flamantes asesores ya facturaron un jugoso focus group y por eso tomaron esta deslumbrante decisión táctica. Qué duda cabe: ponerse el traje de catequista regañón les va a garantizar un chingo de votos en ese sector.
¡Felicidades a los estrategas; nada seduce más a un adolescente ofendido que un burócrata persignado diciéndole cómo debe vivir!
“No tiene la culpa el indio, sino el que le cobra por ser su asesor”.
La alegre contabilidad del avestruz azul
Y hablando de efectos imprevistos, en la Casa Azul parecen sufrir de una ceguera matemática digna de un administrador que maquilla quiebras de manera profesional. No tienen presupuestado el fenómeno de los partidos de nueva creación y del Movimiento Naranja, cuyo crecimiento es inversamente proporcional a la alarmante evaporación de las simpatías por el partido en el poder.
Claro que en los pasillos palaciegos nunca falta el cortesano que vende la tranquilizadora fábula de que aquí no pasa nada, jurando que la chiquillada solo viene a restarle clientela a Morena. Sin embargo, la realidad es menos piadosa: ideológicamente, esos nuevos membretes son más afines al panismo de lo que sus propios dirigentes quisieran admitir. Al constituirse como una oposición sistémica, van exactamente tras el mismísimo mercado electoral que antes le pertenecía por derecho divino a Acción Nacional.
Por su parte, el Movimiento Naranja juega sus cartas con una frialdad quirúrgica; con un voto duro ya consolidado, se vende como una higiénica tercera vía, instalada cómodamente en el centro, a salvo de la derecha rancia que el propio panismo se ha encargado de exhibir en el estado, y muy lejos de la izquierda de Morena. En una de esas, les van a terciar el escenario antes de que alcancen a bendecir las boletas.
Enterrar la cabeza en la tierra es una excelente táctica para ignorar el peligro, siempre y cuando no les importe dejar el resto del cuerpo expuesto al rival.
“El problema de creerse el único plato fuerte del menú es que uno termina devorado por los que venían presentándose como la simple guarnición”.
De cómo la soberbia te deja sin curul y sin despensa
Quien pinta para quedarse en la más absoluta y gélida orfandad política es la diputada Claudia Díaz Gayou. Y no por un trágico capricho del destino, sino por el peso insoportable de su propia soberbia intelectual y ese postureo de prócer incomprendida que tanto ensaya. Ya ha quedado sumamente claro que para el partido que usufructúa como franquicia en el Congreso, su presencia resulta un lastre que da pereza cargar; para los militantes de Morena es apenas una petulante sobrada de virtudes imaginarias; para las filas del PAN resulta un activo tan inútil como inestable y engreída. Por si fuera poco, en las ruinas del PRI ya faltan sillas hasta para los dolientes, y en Movimiento Ciudadano nomás no se ve por dónde pueda transitar sin desentonar.
¿Qué le queda entonces a nuestra heroína del desencanto? Acaso buscar la presidencia municipal de Querétaro, abanderando a uno de esos partidillos de reciente creación que brotan como hongos de humedad en año electoral. Semejante hazaña sería, sin duda alguna, su afortunada y gloriosa despedida de la palestra pública, porque lejos del cálido y milagroso manto de la 4T, dudo mucho que a la legisladora le alcance el oxígeno para arañar el miserable 3 por ciento de los votos, mendrugo estadístico indispensable para implorar una regiduría. Lo peor de la historia, la verdadera tragedia de este sainete es que después de semejante quemón público la señora ni siquiera podrá reciclarse como proveedora, porque por estridente y rijosa la van a traer más vigilada que a ratero en mercado.
“A los políticos de cristal cualquier pedrada los vuelve confeti; y en este congal que llamamos patria, el que nace para florero intelectual siempre termina sirviendo de escupidera”.
Lenguas viperinas
Cuentan en los nada discretos pasillos del poder que a quien se le está haciendo engrudo el delicado trámite de la reelección —y vaya que no es por un exceso de méritos propios o destellos de genialidad administrativa— es al flamante alcalde de Colón, Gaspar Trueba.
El asuntillo que le puede descarrilar el tren del presupuesto no es una intriga maquiavélica de sus opositores, sino su enternecedora vocación de proteger a un auténtico golpeador de mujeres. Lo verdaderamente exquisito de este descaro es que el munícipe tiene pleno y absoluto conocimiento de la existencia de la carpeta CI/TOL/628/2026, ese poético engargolado ministerial donde su protegido ostenta el nada honroso título de “probable responsable”. Por si el encubrimiento no fuera ya lo suficientemente grotesco, las frías y asépticas pruebas periciales no dejan espacio a dudas y documentan a la perfección lo que en el florido folclor nacional se diagnostica como una soberana y cobarde madriza en agravio de la víctima.
Jugar al escudero de un cavernícola siempre será una pésima inversión de capital político, sobre todo cuando la sangre ajena amenaza con salpicar tu propia boleta electoral.
“El que a buen troglodita se arrima, buena quemada en las urnas le cobija”.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted. Y recuerde, no me crea a mí, créale a sus ojos.

![[La Cruda Verdad] La soberbia del candidato a la carta](https://www.elcantodelosgrillos.mx/wp-content/uploads/2025/09/OLVERA.jpg)