[Tras la Verdad] Lucran con la muerte de 43, AMLO y familiares de estos

El asesinato colectivo de los 43 normalistas de Ayotzinapa, en septiembre de 2014, conmocionó a México, por la brutalidad con la fueron masacrados los estudiantes a manos de la delincuencia organizada. Toda la culpa fue para Enrique Peña Nieto; López Obrador llegó a decir que se trató de un crimen de Estado; ahora, como Presidente, se ha retractado.

Muchas pruebas acreditan que los estudiantes fueron confundidos y confrontados como si se tratase de otro grupo antagónico de la misma delincuencia. Al paso del tiempo, ha quedado demostrado, con creces, el salvajismo con el que actúan los grupos de la delincuencia organizada; muchos videos desde entonces circulan en las redes sociales, que dan prueba de la brutalidad; otras pruebas de la crueldad con la que actúan, fue la bestial manera en la que delincuentes masacraron a varios miembros de la familia LeBaron, ni los niños son excluidos de la barbarie con que actúan los delincuentes. Por eso no debe extrañar lo que hicieron con los normalistas, aquellos asesinos de la delincuencia organizada, plenamente identificados, muchos de ellos procesados, otros liberados por torpezas procesales y liviandad de la ley.

En septiembre se cumplirán 6 años del homicidio colectivo de los 43 y tanto Andrés Manuel López Obrador como familiares de los normalistas han usufructuado políticamente con la muerte de los estudiantes.

Para nadie es desconocido que el sector de los normalistas es un grupo en donde se capacita a los “estudiantes” para convertirlos en agitadores profesionales, no se les prepara para educar; no, se les prepara para ser líderes de movimientos sociales de desestabilización. Son un grupo beligerante poderoso que consigue del gobierno lo que le viene en gana; delinquen impunemente sin traer consecuencia legal alguna. Cometen delitos de robo, secuestran, generan daños multimillonarios en propiedad ajena y nada les pasa. Podría afirmarse que los normalistas son un grupo consentido y temido, a la vez, de los gobiernos en turno, sean estatales o federales.

Por la misma belicosidad de los estudiantes de Ayotzinapa, fueron confundidos por la delincuencia organizada y así los trataron aquella madrugada que, en lugar de estar en la escuela, salieron en la madrugada a saquear (ya habían robado varios autobuses) para su viaje a la Ciudad de México y festejar el 2 de octubre.

Todo indica que esa vez se equivocaron los delincuentes de la alta escuela con los aprendices de la normal. López Obrador ofreció a los padres de los estudiantes asesinados que su gobierno sí investigaría el paradero de sus hijos, los estudiantes; mutuamente se han autoengañado. Ambos bien saben que los estudiantes fueron asesinados desde el pasado 26 de septiembre de 2014, incinerados en un basurero. Pruebas de laboratorio de la Universidad de Innsbruck así lo demostraron. Pero políticamente ha sido mucho más valioso exigir la “aparición de los muertos” que aceptar que fueron asesinados. La frase desgastada de “vivos se los llevaron, vivos los queremos” ha quedado acuñada y la corean en las múltiples manifestaciones que realizan desde entonces. Ahora el gobierno de Andrés Manuel López Obrador quedó entrampado en su propia mentira. ¿De dónde sacar a los muertos?

Andrés Manuel se comprometió a investigar a fondo el asunto y dar con el paradero de los “desaparecidos”; encargó personalmente al subsecretario de Derechos Humanos de la Secretaría de Gobernación, Alejandro Encinas, hacer nuevas investigaciones, dijeron que empezarían de cero; otro mentiroso, Encinas, afirmó hace unos meses saber en dónde se encontraban los estudiantes. Hasta hoy no volvió a decir.

Los familiares de los estudiantes asesinados insisten sobre el paradero de sus hijos. López Obrador lanza otra de sus innumerables mentiras, ahora afirma que existe un “pacto de silencio” entre los responsables. ¿Quiénes son los responsables? El Presidente dijo: “Estoy convencido de que si nos unimos, lograremos romper el pacto de silencio que ha perdurado por mucho tiempo y esclarecer lo acontecido; no prolongar la impunidad, hacer justicia, y demostrar que somos auténticos representantes de un Estado social y democrático de derecho”. Solo palabras y más palabras, López ahora enfrenta la realidad de no poder satisfacer a los demandantes de justicia que prometió.

Ladino como suele ser, Andrés Manuel López Obrador ahora enfocó sus baterías en contra de Alejandro Gertz Manero, fiscal general, y el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, para que, entre todos, le den respuesta a los padres de familia. ¿Y la investigación de Alejandro Encinas?

Incluso afirmaron que volverían a contratar a los integrantes de la CIDH. Nada hasta ahora. Solo mentiras. De manera discreta, Encinas fue relevado de la responsabilidad de hacer aparecer vivos a los muertos. De tal manera que, al involucrar a más autoridades (de otro poder público y un supuesto autónomo) en la solución del problema que no han podido resolver a más de un año de distancia (ni lo harán), López Obrador hábilmente diluye su compromiso, evade su responsabilidad; así podrá culpar a otros de su ineficiencia, como suele hacerlo en todos los asuntos en los que causa problemas y no los resuelve. Socarronamente dejó tranquilo a Encinas y deriva la solución en personas que antes no estaban involucradas.

El presidente de la Suprema Corte no puede intervenir en el juzgado en el que se procesan a muchos de los homicidas y delincuentes involucrados, está impedido legalmente; ni siquiera puede insinuar qué debe hacer el juez, cometería delito o falta.

Alejandro Gertz Manero, además de que nunca ha litigado, tampoco puede actuar como Ministerio Público en el juzgado. Pero todos quedan felices con la nueva promesa de López Obrador, gana tiempo, mientras que los otros lo pierden.

Todos saben que los estudiantes están muertos, literalmente desaparecidos por la incineración de que fueron objeto. Nunca es recomendable involucrar temas criminales con la política, como lo ha hecho durante mucho tiempo Andrés Manuel López; ahora le toca a él sufrir las consecuencias. No ha sido capaz de resolver el alta criminalidad, mucho menos podrá traer a la vida a los estudiantes asesinados. Poco a poco, las mentiras de López Obrador se hacen evidente, van cayendo por su propio peso.








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