El pasado sábado, Acción Nacional decidió montar su numerito para recordarnos a todos que, en efecto, aquí en Querétaro ellos son los que mandan y cobran. Sin embargo, hay un detalle en su obra de teatro que nomás no termina de cuajar: esa necedad histriónica de andar gritando a los cuatro vientos que van a “defender Querétaro”.
Uno se pregunta, con la ingenuidad de quien no entiende de los misterios de la alta política, ¿defenderlo de quién, si los que despachan en palacio y tienen el garrote en la mano son ustedes mismos? Comprendo que el guion viene dictado desde las oficinas nacionales para que todos repitan el mismo estribillo, pero recitarlo donde uno es el terrateniente resulta, por decir lo menos, un despropósito.
La única explicación medianamente lógica para esta esquizofrenia discursiva es que buscan alborotar a la clientela de siempre, a ese voto duro que les aplaude hasta los bostezos. Porque hacia afuera, el chistecito de hacerse los perseguidos cuando se tiene el sartén por el mango nomás no genera empatía; por el contrario, les deja la mesa servida a los adversarios para que, con razonamientos simplones y un par de charadas bien colocadas les construyan una narrativa en contra que el ciudadano de a pie se va a terminar tragando sin masticar.
Por otro lado, resulta conmovedor escuchar a la dirigencia estatal repetir, como disco rayado, que el candidato se elegirá “a tiempo y en coordinación con el nacional”. Suena más a terapia de contención y autoconvencimiento que a estrategia política, como si nuestros próceres locales vivieran en una dimensión paralela.
Parecen ignorar olímpicamente que el pasado 26 de marzo el Consejo General del INE les palomeó por unanimidad una reforma estatutaria que es, en términos prácticos, una declaratoria de intervención absoluta. Ahora resulta que el partido permite candidaturas ciudadanas y su designación mediante encuestas, elecciones primarias abiertas o formatos mixtos; por si fuera poco, les amarran las manos para evitar esa bonita costumbre de heredarle al cónyuge o al pariente, y les prohíben expresamente andar excomulgando militantes por supuestos actos de “indisciplina” o “deslealtad” con interpretaciones a modo.
Traducido del aburrido lenguaje burocrático a nuestro florido español, el mensaje de la Ciudad de México es claro: el CEN manda, así que siéntense y no den lata.
No nos queda más remedio que sentarnos a esperar a ver cómo se van acomodando las calabazas en esta carreta que parece no tener conductor. Por lo pronto el escenario es de un surrealismo encantador, totalmente atípico para una elección a gobernador y plagado de señales tan cruzadas que harían cortocircuito en cualquier semáforo.
Y aunque los asesores —esos modernos chamanes que cobran fortunas por decir obviedades— juren por sus madres que todo está bajo control, la terca realidad, esa señora chismosa y mal vestida, ya los está alcanzando a pasos agigantados.
“En la política, como en los burdeles de mala muerte, el que se enamora de su propio reflejo siempre sale perdiendo, sobre todo cuando se le olvida que el que verdaderamente cobra la ficha despacha en la capital”.
-El extraño fenómeno del político que saluda de mano (y otras magias sin wifi)
Lo que sí resulta digno de enmarcarse en el anecdotario de la kermés panista del pasado fin de semana, son esas rarezas del comportamiento humano que la tecnología de campaña aún no logra replicar. Me refiero a la cercanía y esa curiosa alergia a la parafernalia que parece padecer el secretario de Desarrollo Social, Luis Nava.
En tiempos donde la popularidad se mide en ejércitos de bots, resulta que el panismo queretano y los votantes de a pie todavía cometen la extravagancia de valorar más un abrazo sincero y un apretón de manos que cinco mil bardas pintarrajeadas o treinta mil “me gusta” comprados en la red social de moda.
Y para muestra, el botón que a varios les aprieta: “Luisito”, como le llaman con enternecedor cariño las matriarcas decanas del partido, cometió la osadía de ser el último en apagar la luz y cerrar la puerta del evento, retenido por esas muestras de afecto espontáneo que, afortunadamente para él, no se ensayan en un cuarto de guerra.
Son justamente estos pintorescos detallitos de empatía silvestre los que los señores del Comité Ejecutivo Nacional deberían anotar en sus libretas antes de mandar a palomear el proyecto Querétaro.
Si el personaje en cuestión es capaz de alborotar el gallinero de manera tan orgánica y sin los reflectores cegadores de una campaña oficial, a más de uno le daría insomnio imaginar lo que podría hacer en una contienda abierta, trepado en la maquinaria completa y con toda la herramienta a su disposición.
De una cosa sí pueden estar seguros los analistas de café: de toda la baraja de suspirantes varones que colecciona el blanquiazul, el único que todavía no se da de topes con su propio techo de crecimiento es precisamente Nava. Lo que sea que eso signifique en el indescifrable dialecto de los estrategas políticos, pero que sin duda pone nerviosos a los que ya sienten que tocaron límite.
“Qué curioso es el mercado electoral: mientras unos gastan fortunas tratando de comprar una sonrisa que parezca genuina, a otros les basta con no estorbarse a sí mismos; aunque al final de cuentas, hasta al más simpático lo terminan pasando por la báscula en la capital”.
Dolor de muelas institucional y el noble oficio de arruinar la fiesta
Por cierto y para ponerle el moño a la crónica de este magno jolgorio sabatino, es de estricta justicia poética detenernos en el análisis de las presencias que incomodan. Ahí, respirando el mismo aire que la cúpula, se apareció don Miguel Nava Alvarado, autoproclamado “primer ciudadano” en alzar la mano para apuntarse en la nada peleada rifa de la candidatura a gobernador. Su sola asistencia nos confirma una tragedia administrativa para los organizadores: el abogado va muy en serio. Y cómo no habría de irlo, si el hombre ha hecho carrera como el retador oficial del sistema, con una historia clínica que lo respalda.
Hace apenas unos días comentaba en este espacio que en un descuido, cualquier hijo de vecino podría enredarles la pita; pero el exómbudsman queretano no es un cualquiera. Por el simple y llano hecho de tener los conocimientos jurídicos, la paciencia franciscana y todo el tiempo del mundo para agotar hasta la última instancia en la infinita cadena impugnativa electoral, este señor se perfila para ser un dolor de muelas crónico que no se quita ni con todo el paracetamol del Seguro Social.
“No hay peor pesadilla para las buenas costumbres de un partido político que un abogado con tiempo libre, sed de reflectores y la ley electoral bajo el brazo”.
El misterio de las sillas vacías y los fantasmas que decidieron no asustar
Y pasando al siempre apasionante terreno de los que brillaron por su ausencia, el pase de lista de los faltistas tiene su propio encanto costumbrista. Por un lado, la inasistencia del clan de los “Panchos” nos la quieren envolver en el celofán del “respeto a la coexistencia” con el liderazgo del actual inquilino del Palacio de Gobierno, Mauricio Kuri; una de esas finas cortesías políticas que se practican cuando es mejor no salir en la foto para no hacer bulto.
Por el otro lado, está el caso del muchacho maravilla, Ricardo Anaya. El vacío de su silla se explica bajo dos hipótesis igualmente crueles en el ecosistema panista: o la chapuza lo acusa y prefiere mantener el bajo perfil para no espantar a las señoras, o de plano, en un arranque de genuina piedad, los organizadores decidieron “olvidar” mandarle la invitación para no seguir desgastando lo poco que queda del barniz.
“En la grilla, como en los velorios, hay ausencias que llenan de paz el ambiente, pues hay políticos que, como las flatulencias, se agradecen más cuando se mantienen a una sana distancia”.
Licuadoras, residuos sólidos y el arte de salpicar al vecino
Cruzando la calle, en la casa de enfrente, las cosas se han puesto de un color bastante subido tras el descontón de estilo cabaretero que le propinaron al diputado Luis Humberto Fernández.
Resulta que al legislador le sacaron el trapito al sol de que habita en un fraccionamiento de esos donde el agua, más que para el consumo humano, parece que se la arrebatan directamente al surco agrícola. Ante tal exhibición, la estrategia en los cuartos de guerra —esos laboratorios donde se fabrican prestigios y se destruyen honores— ha sido la mismísima técnica del “mojón en la licuadora”: prender el aparato a máxima potencia para que todo aquel que esté cerca termine, por lo menos, con una mancha en la solapa. Así, en un despliegue de generosidad, han pretendido embarrar al verde Ricardo Astudillo y al exrector Gilberto Herrera cuestionando sus residencias, lo cual delata una ignorancia enciclopédica sobre la fauna política queretana.
Esta maniobra de distracción exhibe dos realidades que mueven a la risa: primero, un desconocimiento total de quién es quién en este pueblo. A Ricardo Astudillo le pueden revisar hasta las facturas del súper, pues tiene veinte años de trabajo ininterrumpido y un pedigrí familiar que avala su posición sin necesidad de andar dando explicaciones de más; y del exrector Herrera ni hablemos, que su trayectoria académica le da un respaldo que ya quisieran muchos para un préstamo bancario.
Pero lo más sabroso es lo segundo: la mano que mece la cuna y los acuerdos que se firman en lo oscurito. Resulta fascinante que mientras se lanzan dardos a diestra y siniestra, nadie se atreva a musitar palabra sobre el palacio virreinal en el que habita la pareja política de moda, Humphrey y Nieto, allá por los rumbos de San Ángel en la Ciudad de México. Ese silencio es tan espeso que se puede cortar con cuchillo.
“Porque en la política moderna, cuando a uno lo encuentran con las manos en la masa, lo más elegante no es pedir perdón, sino jurar que el de junto tiene la panadería completa”.
Bloqueos y otras travesuras de jardín de niños
En la parcela naranja también se reportan movimientos sísmicos. Al parecer, la sola presencia de Armando Rivera en el tablero de ajedrez está provocando cólicos miserables en ciertas oficinas. Lo más pintoresco del asunto es que ya empezaron a aplicarle las técnicas de guerra fría de la generación “cristal” panista: el clásico “bloqueo administrativo”, la llamada que nunca pasa de la secretaria y el temible “visto” en el WhatsApp, ese silencio digital que tanto regocijo les causa a quienes creen que gobernar es como administrar un grupo de vecinos.
Lo curioso, por no decir patético, es que no se han dado cuenta de que a un animal político de la vieja guardia como Armando Alejandro, esos desplantes le hacen lo que el viento a Juárez.
Para el exalcalde y ahora converso al color mandarina, los malos modos de sus antiguos correligionarios son música para sus oídos, pues cada grosería será debidamente anotada para ser usada en su contra en el momento procesal oportuno. Armando ya avisó que su pecho no es bodega y está más que dispuesto a hacer lo necesario para terciar la elección a la presidencia municipal.
Y ojo, que aquí la apuesta no es para aficionados: se va a jugar el todo por el todo, sin esa red de seguridad que es la primera regiduría plurinominal que tanto buscan los que tienen miedo a la intemperie. El hombre va por la grande o se va a su casa, y en ese camino, está dispuesto a llevarse entre las patas a cuanto estratega de redes sociales se le ponga enfrente.
“No hay nada más peligroso que un político que ya no tiene nada que perder pero conserva todas las facturas por cobrar; sobre todo cuando el que intenta cerrarle la puerta olvidó que él fue quien puso las bisagras”.
Informes que no dan sueño y el John Wick del acueducto
Pocas veces en la vida nacional —y mucho menos en la parroquial— el informe de un fiscal estatal logra despertar algo más que un bostezo decoroso o una siesta con los ojos abiertos, pero lo de Víctor de Jesús esta vez fue la excepción que confirma la regla del tedio burocrático. El hombre me confirmó que no andaba yo tan errado cuando me aventuré a decir que si la presidenta allá en la capital presume a su Batman, nosotros aquí en el terruño tenemos a nuestro propio John Wick, pero con mejores modales y sin perro de por medio.
En una cátedra de poco más de dos horas y media nos recetó a los asistentes el funcionamiento del programa Sinergia, demostrando que para traer a raya a los pillos no basta con el garrote, sino que hace falta método.
Por otro lado, resulta verdaderamente rescatable que la justicia parece haber dejado de ser esa señora ciega que solo muerde a los que andan a pie; aquí se está tocando incluso a esos que creen que el pedigrí y las palancas en el club de golf les otorgan un pase de impunidad, como el sonado caso del médico del San José.
Porque, seamos francos, se necesitan gónadas de acero para combatir al crimen organizado; pero se requieren todavía más para aguantar los embates de un sistema acostumbrado al compadrazgo y a la llamada de cortesía para “echarle la mano” al influyente en turno.
“En la viña del Señor hay de todo, pero en la justicia queretana parece que por fin alguien entendió que un apellido compuesto no quita lo delincuente; lástima que al fiscal le toque la tarea de ser el John Wick en un pueblo donde todos se creen los dueños del Continental”.
Lenguas viperinas
Por si no tuviéramos suficiente con las intrigas de alcoba de la clase política, la realidad más cruda se apareció este domingo en Santa Rosa Jáuregui, recordándonos que el abuso de autoridad es el deporte favorito de quienes confunden una placa de inspección con una patente de corso.
Resulta que la ciudadanía ya está, para decirlo en buen romance, hasta la madre de los señores de Inspección de Vía Pública, esos modernos centuriones que se dedican a agredir verbal y físicamente a los comerciantes, dándoles un trato que ni a los bandoleros de camino real.
Lo más fascinante del asunto es el desprecio absoluto por la legalidad: poco les importa que el mercader exhiba su licencia de funcionamiento vigente; los golpean, los humillan, y en un despliegue de soberanía arbitraria, los mueven de sus puntos autorizados para mandarlos a donde se les pegue la gana, como si el permiso fuera una sugerencia y no un derecho pagado. Es el sello de la casa de quienes no saben trabajar y suplen la eficiencia con el garrote; una torpeza institucional que hoy domingo ha dejado a la delegación en pie de guerra, con una ciudadanía que ya no pide, sino que exige la destitución fulminante de este personal que parece reclutado en una escuela de malos modos.
“No hay nada más peligroso que un ignorante con un chaleco oficial y un poquito de poder, pues en su afán de ‘limpiar’ la calle, siempre termina por ensuciar la paz de quienes sí salen a ganarse el pan sin vivir del erario”.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted. Y recuerde, no me crea a mí, créale a sus ojos.

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