[Tras la Verdad] ¡Así no se gobierna, señor López Obrador!

El presidente Andrés Manuel López Obrador enloqueció y privilegia la justicia sobre la ley. ¿Cuál justicia? ¿La justicia que el impone? Por eso aquello que dijo: “Al diablo las instituciones”.

El pasado martes 16 de abril envió a los titulares de las Secretarías de Hacienda, Educación Pública y Gobernación, un simple “memorándum” (documento administrativo interno) por medio del cual instruye a los tres secretarios para que lleven a cabo una seria de acciones tanto inconstitucionales como ilegales; todas referentes a la no aplicación de las normas vigentes y algunas acciones administrativas que no son de su competencia, como el ordenar a la secretaria de Gobernación realice gestiones para que liberen a maestros y luchadores sociales que se encuentran presos por aquello de la “mal llamada reforma educativa”; esta última “orden presidencial”, o es de la competencia del Poder Judicial o de la Fiscalía General, ninguna de estas instituciones dependen del Poder Ejecutivo: son constitucionalmente autónomas.

Por supuesto que hasta los legos han quedado sorprendidos por la “torpe audacia” del Presidente López Obrador, al pretender dejar sin efecto alguno normas constitucionales y legales. Hasta el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación se manifestó sorprendido por tal aberración jurídica, así como el pretendido abuso de poder del Presidente de la República.

Su “memorándum”, que consta de tres cuartillas, solo debiera significar una orden interna; el mismo carece incluso de motivación y fundamentación legal. Están en posibilidad los titulares de las secretarías que reciben órdenes inconstitucionales, de no cumplirlas; de ejecutar los ilegales actos, también incurren en responsabilidad legal y penal.

Tienen la obligación de cumplir y hacer cumplir las normas vigentes, protestaron hacerlo al asumir el cargo. ¡Cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen! De tal suerte que los 3 Secretarios están en su derecho y obligación de no ejecutar el ilegal contenido del “memorándum”.

Como si no supieran absolutamente nada del estado de derecho que rige tanto a las autoridades como a los ciudadanos; López Obrador no funda ni motiva su apócrifo escrito; sabiendo que las ordenes de autoridad, todas ellas, deben estar debidamente fundadas y motivadas, artículo 16 de la Constitución federal.

Muy sencillo será combatir semejante ilegalidad; solo falta el tercero que se sienta perjudicado para poner a trabajar la acción de la justicia. Seguramente López dirá que cualquier inconforme es fifí, conservador y neoliberal, todo aquel que se oponga a sus autoritarios caprichos. Semejantes atropellos por el temor a los maestros de la CNTE, que han presionado hasta decir, basta a López Obrador, y este, para satisfacer apetencias inconstitucionales del grupúsculo, es capaz de doblegar a la nación para cumplir caprichos. ¡Así no se gobierna, señor López Obrador!

Al dar lectura al “memorándum”, no queda más que reír de semejantes desvaríos presidenciales. No solo ordena no cumplir y, por tanto, dejar sin efectos normas vigentes, empezando por la Constitución; también se retrotrae en el tiempo para devolver privilegios a los profesores de la CNTE, incluso pagar indemnizaciones a las familias de los profesores que “cayeron muertos en la lucha”. ¿Cuál lucha? ¿Cuáles muertos?

Total, Andrés Manuel todo quiere resolver regalando dinero público; presidente obsequioso con lo que no le pertenece; al paso que vamos, estamos a unos días de las odiosas expropiaciones por intereses aviesos presidenciales de López Obrador.

La ilegalidad que ya cometió Andrés Manuel es reprochable, sancionable y por tanto punible; pero el señor presidente goza de fuero constitucional y es inmune a cualquier acusación, de ahí sus inexplicables perversiones legales; bien sabe que nada le va a suceder y, en caso de acusación (sería irrelevante), tiene el control de la Cámara de Diputados federal, lugar en cuyo seno se tramita el “desafuero”, procedimiento legislativo que separa la protección constitucional del servidor público, para someterlo al imperio de la ley. Sabe López que goza de inmunidad, de ahí sus extravíos y desvaríos.

¿Qué ordena el presidente en su ilegal memorándum? Aquí algunas de las instrucciones: Además de la perorata política ideologizada sin trascendencia. “Mientras el proceso de diálogo no culmine en un acuerdo… dejarán sin efecto… la aplicación de la llamada reforma educativa”; “la Secretaría de Gobernación realizará las diligencias y acciones necesarias para poner en libertad a la brevedad a maestros y luchadores sociales que todavía se encuentran en prisión…”; “La nómina del sector educativo quedará bajo el control de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público…”. Para concluir con el galimático documento, en el último párrafo del memo, dice el Presidente aprovechar la oportunidad para formular un exhorto a los maestros de todas las tendencias y corrientes a mantener un diálogo permanente, a impedir la confrontación y a buscar una formulación legal que garantice el derecho del pueblo a la educación.

Total, ni como documento administrativo interno cumple con los requisitos; sí, al referirse a terceros que no son sus subordinados y por tanto no son empleados del Poder Ejecutivo. Al Presidente de la República, le urgen asesores jurídicos, antes de que destruya las instituciones con memos ilegales. No es posible que, por medio de un instrumento administrativo suspenda la vigencia de la Constitución y leyes secundarias.

El cinismo presidencial no tiene límites. Este miércoles, en su ya tradicional homilía, refiriéndose a su tan cuestionado memo, se descaró por completo, dijo que aquel que se sienta afectado que acuda ante las autoridades e impugne su medida administrativa. No cabe duda que cada día se ha vuelto más truculento y tramposo el Presidente de la República. Bien sabe lo que hace, levanta polémica y aplasta las voces críticas con su cinismo. Además, lo confesó Andrés Manuel López, antepone las negociaciones con la CNTE, antes que la vigencia y puesta en práctica la Constitución y leyes secundarias en materia educativa. ¡Inconcebible el sarcasmo del presidente!

Su conducta se ha vuelto belicosa y peligrosa, ello lleva al país a la imposición de un gobierno déspota y autoritario. Esos sistemas de gobierno, que si bien llegaron al poder por la vía democrática, terminan por eliminar, socavar las libertades humanas de expresión, de manifestación de ideas, de imprenta, de reunión, de libre tránsito, etcétera.

Proclive el presidente de la República a callar al periodismo crítico. No sin antes usar la tribuna de mayor difusión en toda la República Mexicana, que utiliza a diario en sus conferencias mañaneras; fustiga, califica, denigra, desprestigia a todo aquel que disiente de sus opiniones, llega incluso a la calumnia, como fue el caso de los supuestos columnistas que eran pagados por los gobiernos neoliberales para atacarlo.

Nunca presenta prueba alguna, tampoco apunta su lengua vituperina a periodista en particular, generaliza para evitar problemas directos y personales que le podrían traer como consecuencia denuncias en cortes internacionales.

Exhibe su intolerancia; prefiere entonces, generalizar, pero golpea. Una vez que ofende, que agrede, censura a la prensa conservadora, acompaña el estribillo desgastado: “con todo respeto”.

Antes lanzó el proyectil para matar, busca sin duda alguna hacer el mayor daño posible para acallar la prensa y periodistas críticos; azuza a sus seguidores para que, en grupo, sin personalidad definida, amorfo, ataquen a la prensa y periodistas incómodos.

Tal cual probó por medio del experimento de Milgram: “El peligro de la obediencia a la autoridad”. Según el experimento, la autoridad busca la abdicación de derechos; el sujeto siempre tiende a justificar sus actos inexplicables; a menor formación académica, mayor intimidación; personas con instrucción militar son más propensos a obedecer. Después ataja: “es la sociedad, es la gente la que se molesta”.

Pero ya saben lo que les pasa a los periodistas incómodos, dijo el Presidente; recibió avalancha de críticas por su proclividad al autoritarismo, disfrazado de un “usted disculpe”. Después de lanzar el premeditado proyectil de censura, no es casual su insistencia en imponer “esparadrapos a la prensa”. Fustiga a sus críticos. Sus declaraciones atentan contra de los principios básicos de la libertad de expresión, libertad de prensa: principios universalmente reconocidos. La conducta presidencial pretende “matar libertades consustanciales al ser humano”.

Aún hay más. El presidente de la República demostró su proclividad a callar al periodismo crítico. No sin antes usar la tribuna de mayor difusión en toda la República Mexicana, que utiliza a diario en sus conferencias mañaneras; fustiga, califica, denigra, desprestigia a todo aquel que disiente de sus opiniones, llega incluso a la calumnia, como fue el caso de los supuestos columnistas que eran pagados por los gobiernos neoliberales para atacarlo. Nunca presenta prueba alguna, tampoco apunta su lengua vituperina a periodista en particular, generaliza para evitar problemas directos y personales que le podrían traer como consecuencia denuncias en cortes internacionales. Exhibe su intolerancia; prefiere entonces, generalizar, pero golpea.

Una vez que ofende, que agrede, censura a la prensa conservadora, acompaña el estribillo desgastado: “con todo respeto”. Antes lanzó el proyectil para matar, busca sin duda alguna hacer el mayor daño posible para acallar la prensa y periodistas críticos; azuza a sus seguidores para que, en grupo, sin personalidad definida, amorfo, ataquen a la prensa y periodistas incómodos. Tal cual probó por medio del experimento de Milgram: “El peligro de la obediencia a la autoridad”.

Según el experimento, la autoridad busca la abdicación de derechos; el sujeto siempre tiende a justificar sus actos inexplicables; a menor formación académica, mayor intimidación; personas con instrucción militar son más propensos a obedecer. Después ataja: “es la sociedad, es la gente la que se molesta”. Pero, ya saben lo que les pasa a los periodistas incómodos, dijo el Presidente; recibió avalancha de críticas por su proclividad al autoritarismo, disfrazado de un “usted disculpe”. Después de lanzar el premeditado proyectil de censura, no es casual su insistencia en imponer “esparadrapos a la prensa”. Fustiga a sus críticos. Sus declaraciones atentan contra de los principios básicos de la libertad de expresión, libertad de prensa: principios universalmente reconocidos. La conducta presidencial pretende “matar libertades consustanciales al ser humano”.

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