El tema de los rellenos sanitarios en el heroico y siempre pío municipio de Corregidora ha revestido, desde hace veinte años, la misma controversia que un milagro mal documentado en los gobiernos panistas. Basta hacer un ejercicio de memoria y viajar al ya lejano 2006, cuando el entonces presidente municipal, Germán Borja García, en un arrebato de camaradería que solo florece al amparo del presupuesto, concesionó sin la vulgaridad de una licitación pública nacional el tratamiento de residuos. ¿El afortunado? La empresa de su propio compañero de cabildo, Juan Manuel Moreno Mayorga. Pero no nos pongamos nostálgicos, que eso ya es historia patria; la verdadera tragedia es que la polémica resurge, demostrándonos que en este terruño la basura y las mañas se reciclan.
“Y es que en cuestiones de higiene municipal, nuestra clase política aprendió muy rápido que no hay negocio más limpio y transparente que saber administrar basura”.
Los Urquiza: ¿empresarios o ventrílocuos?
Y aunque en esta nueva temporada del circo burocrático la cartelera anuncia que los presuntos beneficiarios del tratamiento de residuos sólidos son los hermanos Urquiza Escobar —los ínclitos Rodrigo y José Luis, mejor conocidos en el inframundo del canapé como “Tanque” y “Colacho”—, la realidad parece tener un guion mucho más jugoso.
En los círculos más intensamente azules de la grilla queretana —allí donde la moralidad es un pin de solapa— se murmura con insistencia que los verdaderos dueños del negocito no son precisamente estos conocidos empresarios. Las lenguas viperinas aseguran que los hilos los mueven manos finamente manicuradas desde la más alta, prístina e intocable esfera del poder.
Porque en la aristocracia política es de pésimo gusto ensuciarse los mocasines con los desechos; para eso siempre habrá un par de apellidos dispuestos a poner la cara, y de paso, tragarse las moscas.
Apuestas de mingitorio y lealtades de papel
Como usted sabe, querido y morboso lector, esta columna es vertedero de realidades y no juzgado de guardia; no estoy aquí para dictar sentencias sobre quién sí y quién no tiene las manos manchadas. Sin embargo, la apuesta que hoy corre como pólvora entre los lujosos lavabos del Club Campestre y en esa monumental oda a la pretensión llamada la “Fuente de la Sabiduría” del Campanario es brutal: ¿cuánto tiempo van a aguantar la presión “El Tanque” y “Colacho” antes de soltar la sopa y señalar a los verdaderos amos del basurero?
Y la pregunta que quita el sueño: si llega la hora de los chingadazos mediáticos y legales, ¿esos “altos mandos” van a respaldarlos, o de perdis tendrán la decencia de respetarles la inversión antes de fingir que no los conocen?
Que los apóstoles del libre mercado no se engañen: en el sagrado capitalismo de cuates, el hilo siempre se termina rompiendo por el prestanombres más ingenuo.
Bautizos, basureros y la graciosa huida hacia El Salitre
El hedor, que como bien sabemos no respeta fueros, cunas de seda ni abolengos, terminó por perfumar también la sacrosanta agenda de la flor y nata queretana. Apenas el sábado pasado, el fastuoso ágape destinado a lavar el pecado original del primogénito del senador Agustín Dorantes sufrió un éxodo de pánico digno de una comedia de enredos. La sede original, fincada en el epicentro de la controversia —el mismísimo municipio de Corregidora—, tuvo que ser cancelada de botepronto por el terror cerval de que los vecinos de Lourdes se apersonaran a arruinar el champán y las finas viandas con sus vulgares manifestaciones ambientales.
Pero como Dios aprieta pero no ahoga (sobre todo si se pertenece al club de los elegidos), emergió providencialmente el buen samaritano de la actual administración estatal: don Diego Niembro, empresario consentido al que cada día se le descubren más propiedades que al nopal. En un acto de purísimo y enternecedor “desinterés”, prestó su Hacienda El Salitre para encapsular el festejo y asegurar que la latosa chusma no interfiriera con los sagrados sacramentos del poder.
En la hacienda, bajo el cobijo de la “desinteresada” hospitalidad de Niembro, la única inmundicia que se tolera es la que se queda bien escondida bajo las alfombras persas, lejos de los ojos de la prensa y de los pulmones del populacho inconforme. Mientras el ciudadano de a pie en Corregidora se pregunta en qué esquina terminarán sus bolsas de basura, los invitados al ágape brindan por un futuro donde los problemas sociales se resuelven con un cambio de sede y un buen servicio de seguridad privada.
La fe mueve montañas, pero el miedo a la chusma mueve hasta las pilas bautismales.
Y es que como dicta el evangelio de nuestra aristocracia burocrática: “En esta vida todo tiene remedio menos la peste a pobre”.
El Rey Midas de las causas perdidas (y muy rentables)
La generosidad de don Diego Niembro es de esas virtudes que no caben en un catecismo, pero sí en varias docenas de escrituras notariales. Se dice, con esa envidia tan propia del que no tiene amigos en el gabinete, que el hombre tiene más propiedades que un nopal; y al igual que la planta, siempre está listo para que alguien le cuelgue sus milagritos —o sus problemas financieros—. Sus intervenciones rozan lo divino y lo administrativo con una sospechosa fluidez: ahí está su “sacrificada” gestión para rescatar al Zoológico Wameru del desastre, o su mano santa para administrar esos hoteles Misión que, en manos menos bendecidas, daban más penas que rentas. Para Niembro, rescatar un negocio ajeno no es caridad, es una forma de arte donde el pincel son las influencias y el lienzo las cuentas bancarias.
“Porque en el Querétaro del progreso, no hay desastre ajeno que un empresario bien conectado no pueda convertir en un monumento”.
Lenguas viperinas
Cuentan las malas lenguas —que en política son las únicas que dicen la verdad— que la renuncia de la presidenta municipal de León, Guanajuato, al Partido Acción Nacional no fue un arrebato, sino una carambola de varias bandas operada con precisión de relojero desde la capital queretana. La señora, harta de las genuflexiones ante el azul deslavado, se prepara para estrenar tenis fosforescentes en el movimiento naranja, y no llegará sola: se dice que trae consigo un séquito de tres alcaldes más, como quien se lleva los cubiertos de plata antes de abandonar una fiesta que se puso aburrida. Mientras tanto, en las altas esferas de Querétaro, los jerarcas locales han optado por la técnica del avestruz, convencidos de que si ignoran al diablo, este se aburrirá y se irá a tentar a otra parroquia.
Menospreciar la capacidad política de Armando Alejandro Rivera Castillejos es el pasatiempo favorito de quienes confunden la soberbia con la estrategia; quizá hoy no le alcance para coronarse rey, pero tiene el taladro suficiente para abrir un boquete en el casco del barco que ni todos los corchos del Bajío podrían tapar.
“En política, el que no hace el hueco, termina enterrado en él”.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted. Y recuerde, no me crea a mí, créale a sus ojos.

![[La Cruda Verdad] El añejo y redituable aroma de la basura](https://www.elcantodelosgrillos.mx/wp-content/uploads/2025/08/OLVERA.jpg)