Si hoy en el imaginario colectivo del vulgo reina la certeza de que padecemos un sistema de justicia blandengue y acomodaticio, cortesía del chasco judicial seguido contra Paola Alejandra N —la tristemente célebre Mufasa—, por aquel lamentable percance vial que despachó al más allá a dos prójimos, la culpa no es de la ley. Es, más bien, de esa inveterada y pésima costumbre del político en turno: jalar los reflectores colgándose del escandalito de moda, con una amnesia galopante sobre el valor de su propia saliva y el inevitable periodicazo en el rostro que trae el futuro. Porque el vulgo tendrá memoria de teflón, pero siempre habrá un alma caritativa y malintencionada dispuesta a refrescarle el rencor.
A ver, pongamos las cosas en claro: no hubo mano negra ni maletines bajo la mesa en este sainete; la sentencia es un triunfo de la legalidad más aburrida y apegada a derecho. Lo que verdaderamente levanta la ceja son las bravuconadas previas de nuestras autoridades, quienes aseguraban, con el pecho hinchado de demagogia justiciera, que a la culpable casi casi la iban a rostizar en leña verde y que jamás volvería a ver la luz del sol fuera de las lúgubres paredes de San José el Alto.
A esto se suma el adefesio legislativo de siempre: una iniciativa “a posteriori” promovida por el Ayuntamiento de Querétaro para tipificar el “homicidio vial”, misma que hoy duerme el plácido sueño de los justos (como tantas otras de ejecutivos municipales y estatales), demostrando que su única utilidad en esta tierra es el relumbrón de cinco minutos en la prensa y espectaculares.
Con suerte, el ruido social por la inminente libertad de la Mufasa servirá para que nuestra pintoresca clase política entienda que pesa más la fría y gélida realidad de un expediente que sus novelas fantásticas redactadas entre paneles de caoba. Al ciudadano de a pie le importan un reverendo comino los procedimientos abreviados, las apelaciones o las sofisterías de la reparación del daño; de lo que no tiene la menor duda es que sus gobernantes le juraron que la responsable se pudriría en el chiquero y hoy la ven salir por la puerta grande.
Al final, el ridículo es enteramente político: abrieron la boca de más, sembraron la indignación y embarraron a la fiscalía y al Poder Judicial, instituciones que, irónicamente, lo único que hicieron fue acatar la receta burocrática que les mandata el Código Penal del Estado y el Nacional de Procedimientos.
Al final del día, el político vende linchamientos a precio de oro, y cuando el expediente apaga las antorchas, son las instituciones las que tienen que poner la cara para recibir los escupitajos del respetable.
“En este país de leguleyos y merolicos, la justicia es ciega, pero el político es bocón; lástima que la cárcel solo encierra a los que no saben leer un tabulador de fianzas, mientras la demagogia sigue cobrando del erario y sin antecedentes penales”.
El arte de resucitar entre capuchinos de quinientos pesos
Aunque en ciertos comederos empingorotados donde se sirve café con pretensiones europeas cobrado a precio de riñón ya daban por difunto a Luis Nava en la contienda electoral —quizás por la excentricidad insólita, casi obscena en nuestros tiempos, de dedicarse a administrar en lugar de posar para el espectáculo—, en las últimas dos semanas el hombre ha dado un manotazo sobre la mesa que puso a temblar a los analistas de cafetín.
Y es que si bien la máxima burocrática dicta que “chamba mata grilla”, en la gran comedia democrática la eficacia silenciosa suele confundirse con mansedumbre o retiro definitivo; por eso, una muestra calculada de músculo no solo aclara intenciones, sino que ahuyenta a los agoreros de la desgracia.
Con este giro en el libreto, Luis Nava le ha hecho ver a los altos mandos de Acción Nacional que su sustancia de administrador sobrio, aderezada con un poquito de ruido mediático, cuaja lo suficiente para convertirse en la carta más firme y menos desastrosa si pretenden conservar el gobierno del estado.
“En la política criolla, la virtud del trabajo honrado es como la virginidad en un burdel: una extravagancia que nadie toma en serio hasta que el cliente descubre que es la única mercancía que no viene infestada”.
La sombra del matrimonio por conveniencia y las mágicas matemáticas
Comienzo a entender la necedad de algunos sesudos analistas por inventarle un pleito de comadres a Santiago Nieto y Ricardo Astudillo. Tras la aparición de esa célebre encuesta de Demoscopia, bendecida por La Jornada Estado de México —la cual, pese a su absoluta orfandad de lógica estadística, ya es adorada como sagradas escrituras por más de un incauto—, queda clarísimo que este par se necesita con la desesperación de dos náufragos amarrados a la misma tabla para poder arañar el Palacio de la Corregidora.
Sin regatearle un solo gramo, el PVEM le pone a Morena la morralla que le falta para completar el kilo, mientras que el PVEM en soledad no pasaría de ser un triste fantasma arrastrando cobijas. Que no se confundan las almas candorosas: aunque los merolicos de ocasión, que juran tener línea directa con la 4T y la mismísima Presidencia, repitan como loros que la alianza se rompe, la realidad es que ese matrimonio por conveniencia está más soldado que nunca. Por primera vez en su historia están oliendo el guiso de pasar de sus tradicionales y folclóricas campañas testimoniales a la posibilidad real de quedarse con el poder.
Falta poco para el desenlace, y entre los aciertos propios, las pifias de la acera de enfrente y los nuevos invitados que le moverán el piso a las tendencias, la contienda pinta para un final de fotografía donde nadie saldrá ileso.
En política, el amor no es más que la necesidad mutua de meter la mano en la misma bolsa; por eso no hay divorcio posible entre dos socios cuando el festín apenas se va a servir.
“El perro y el gato pueden dormir en la misma cama mientras el plato esté lleno de carne; el problema vendrá cuando el hueso se vuelva flaco y recuerden que la lealtad de partido nunca ha servido para calmar las tripas”.
Las llaves del coche naranja y los lamentos de la parroquia guinda
Hace apenas una semana le advertí, con la candorosa certeza de quien ve venir el sainete, que en las oficinas de MC en Querétaro se cocinaban movimientos de alfombra roja. Y no le mentí: la señal es transparente y los naranjas han decidido aventar toda la carne al asador entregándole el control del negocio a Armando, demostrando que la verdadera contienda se desplegará sin pudor desde la capital del estado.
Por si quedaban dudas, la maniobra se santificará con la bendición de Jorge Álvarez Máynez. Que la cúpula fosforita le haya soltado las llaves del auto a un veterano como Rivera es un acierto de puro pragmatismo, de esos que hoy deben tener a la dirigencia de Morena mordiéndose los codos y dándose de topes contra la pared; un berrinche tardío por no haber amarrado el fichaje a tiempo y haber dejado escapar a un jugador canchero por andar cuidando sus purismos de sacristía hace tres años.
En la politiquería provinciana, la lealtad dura lo que tarda en arrancar el motor, y el purismo ideológico no es más que el consuelo de los torpes que se quedaron a pie viendo cómo otros se llevan el coche oficial.
“Más vale diablo mañoso al volante de un camión prestado, que santo puritano pidiendo raite a la orilla del presupuesto”.
El San Lázaro mágico y los chocolates del gobernador
Tómelo usted como un chisme de café con aroma a desesperación, pero cada día cobra más fuerza en las mesas donde los opinólogos trasnochados arreglan el país la hipótesis de que el gobernador Mauricio Kuri González prepare las maletas antes del 30 de septiembre de 2027. La supuesta hazaña consistiría en abandonar el timón estatal para refugiarse en la comodidad inexpugnable de una curul pluri en San Lázaro.
La jugada resulta igualmente desastrosa por donde se le mire: si es verdad, la muchedumbre lo leerá inmediatamente como un vulgar salto en paracaídas en busca de fuero procesal, sirviéndole el argumento en bandeja de plata a la oposición; y si es mentira, convendría que en el Ejecutivo aplaquen el rumor, pues una bola de nieve mal administrada en estos tiempos no solo deja tullido al mandatario, sino que sepulta las aspiraciones de su sucesor.
Pero como no falta el zoquete que cree que el poder se negocia con la ligereza de una caja de chocolates, pasando por alto el pequeño detalle de la voluntad popular, ya no tardan los sospechosistas en pregonar que la huida al Congreso es para entregarle el estado a Morena.
Para el vulgo el fuero no es una dignidad republicana, sino un chaleco antibalas que los valientes se prueban justo cuando escuchan las pisadas de los auditores en el pasillo.
“En este bendito país el político no le teme al juicio de la historia ni a la condena divina, pero le entra un pánico cerval al pensar en quedarse sin fuero antes de que expire la prescripción”.
Como siempre, la mejor opinión es la de usted. Y recuerde, no me crea a mí, créale a sus ojos.

![[La Cruda Verdad] El relumbrón, la pira ilusoria y la boca del político](https://www.elcantodelosgrillos.mx/wp-content/uploads/2025/08/OLVERA.jpg)